Cuéntame de las horas que no paran de pasar, de los cantos de tu gente y discursos escritos en las lenguas.
Cuéntame del sonido de la lluvia mojando las hojas, en tus campos verdes y aroma de tus ríos.
Cuéntame del silencio que te cuentan los árboles, de las grandes araucarias que tratan de alcanzarte.
Cuéntame del sol besando la tierra fértil y como esta se eriza en señal de respuesta de su dulce gesto.
Cuéntame del cultrún que guardaste bajo tu cama y tus risas de niñez que retumban en tu casa.
Cuéntame de la soledad de la muerte y de los vagos recuerdos.
Cuéntame como un pedazo de metal puede partir un alma como si esta fuera papel.
Cuéntame del miedo de los niños y nostalgia de los abuelos.
Cuéntame de la fuerza de la sangre que hoy te acompaña.
Cuéntame cómo aguantar el peso de la ignorancia cargada por la gente.
Cuéntame si mañana la tierra nos perdona y podremos seguir soñando.
Cuéntame de las huellas marcadas en el cemento.
Solo cuéntame… para no ser un prisionero más de la mentira, para que la violencia no golpee nuestras puertas; cuéntame para que tu madre en tu espera ansiosa, seque sus lágrimas al viento, para que los gritos mudos no sean callados...

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